"Nací músico y estaba escrito que iba a ser músico": Pedro 'Ramayá' Beltrán
En una entrevista, hace un par de años, el maestro ‘Ramayá’, quien falleció este sábado 11 de abril, contó algunos detalles sobre su carrera artística.
El destino de Pedro ‘Ramayá’ Beltrán estaba marcado por el Carnaval. Vio la primera luz un 15 de febrero de 1930, un sábado de Carnaval, en Patico, un corregimiento de Talaigua Nuevo (antes lo fue de Mompox, Bolívar), y los testigos de su nacimiento le cuentan que su llanto era melodioso.
La música fue algo que llevó en sus venas. Su papá, Miguel, fue gaitero y es el autor e intérprete del ‘Muerto borrachón’, una canción que todos los años suena sin parar en época carnavalera. El tema surgió de un sueño que tuvo su padre en el cual estaba en una parranda en el cielo con los ángeles. Con esa idea llegó a donde ‘Ramayá’, quien decidió grabarla con su agrupación.
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En una entrevista concedida hace un par de años, el maestro ‘Ramayá’, quien falleció este sábado 11 de abril, contó algunos detalles sobre su carrera artística y la consolidación de un nuevo sonido con la ‘Cumbia Moderna’.
El ‘Muerto borrachón’ fue un éxito tremendo, pero ‘Ramayá’ dijo que lo dejó encartado, ya que no sabía tocar la gaita y le tocó aprender para poder complacer a la gente que en las presentaciones le pedía insistentemente que lo interpretara. Cuenta que en un día aprendió a tocar la gaita, porque si de algo se enorgullecía es de haber sido "inteligente para la música".
“Nací músico y estaba escrito que iba a ser músico”, decía ‘Ramayá’ en su casa ubicada en el barrio El Concorde, de Malambo, donde debajo del número que la identifica (20-47) aparece el apodo que lo ha hecho famoso, como para que la gente que quisiera ir a visitarlo no tuviera pierde.
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Su amiga inseparable fue la flauta de millo, instrumento que a los 8 años ya dominaba a la perfección y que nadie le enseñó a tocarla. En su ejecución fue considerado todo un maestro, pero también tocó la gaita, el acordeón y la guitarra que lo llevó a la creación del álbum ‘Ramayá sentimental’, que incluyó unos paseos tocados con guitarra.
Una de las anécdotas que recordó, en aquel momento, fue cuando sufrió una isquemia cerebral y el médico que le atendió le dijo que iba a tener que dejar de tocar. Cuando ‘Ramayá’ escuchó la temible recomendación del galeno exclamó: “¿Usted quiere que yo me muera? Si yo dejo de tocar mi flauta de millo me muero enseguida”.
Y no paró de tocarla, siguió haciendo presentaciones con su Cumbia Moderna de Soledad, la agrupación que creó cuando se apartó de la Cumbia Soledeña porque no aceptaron que introdujera algunos cambios.
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Poco a poco fue recuperando las facultades que perdió a raíz de la isquemia. Ya no se le olvidaban las canciones, la gaguera que tenía, y con la cual mamaba gallo, se le fueron quitando: Siguió componiendo y cantando, no con la misma potencia en la voz, reconoció, pero sí con el mismo sentimiento.
La vida de Pedro ‘Ramayá´ Beltrán cambió cuando se vino a vivir a Barranquilla después de quedar pensionado como sargento viceprimero del Ejército de Colombia. Le pagaban 500 pesos que tenía que ir a cobrarlos en la Cuarta Brigada, con sede en la capital del Atlántico.
“Busqué la manera de vincularme a una agrupación musical y averiguando me hablaron de la Cumbia Soledeña, la cual se iba a presentar en la Voz de Barranquilla cuyo director era Gustavo García. Fui y me le presenté al director, Efraín Mejía, y le dije que yo tocaba la flauta de millo. Me dijo que le hiciera una demostración y, aunque le gustó cómo toqué, me hizo una observación, que yo tocaba la cumbia muy rápido”, aseveró.
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Con la Cumbia Soledeña estuvo por muchos años y creó uno de sus temas bandera: 'Santo y parrandero', un himno de las fiestas de noviembre en Cartagena.
Sus canciones, ‘Ramayá’ las definió como “picarescas” y a ello atribuyó que se mantuvieran vigentes en cada Carnaval. Todas son de su inspiración porque dijo que no le gustaba tocar nada ajeno. Una de sus piezas que más suenan en la radio y en los eventos carnavaleros es ‘La Rebuscona’, que no tiene letra, pero sí una historia particular.
“Esa canción es viejísima. Yo lo tocaba en mis presentaciones, pero nadie me preguntaba cómo se llamaba. Hasta que una vez en un Festival de Cumbia en El Banco, una pareja que llamaba me preguntó el nombre. Yo me había dado cuenta cómo una mujer que había movía las caderas, como rebuscándose. Entonces respondí: Se llama 'La Rebuscona'. De esa muchacha que vi bailar esa noche nació el nombre de esa canción, que la toca todo mundo, pero ninguno con el sentimiento, alegría y entusiasmo que le pongo yo”, sostuvo.
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Su aporte al Carnaval de Barranquilla fue recompensado cuando fue escogido como Rey Momo de la fiesta en 2002, año en que la reina fue María Gabriela Diago. Dijo que este nombramiento lo cogió de sorpresa, ya que estaba convencido, que por no ser barranquillero, no podía aspirar a ser Rey Momo. Así respondió cuando lo llamaron para ofrecérselo y lo convencieron cuando lo dijeron: “La música folclórica del Carnaval la haces tú”.
La música de Ramayá sigue sonando, inclusive, en la voz de otros intérpretes, como Checo Acosta y Álvaro Ricardo, a quienes jocosamente les decía que “los puso a vivir”. Mucha gente lo carboneaba diciéndole que le cogen su música, pero él, sin ningún egoísmo, respondía que los dejaran tranquilos. “A mí me agrada que canten mi música. Checo, por ejemplo, me grabó ‘El Borracho’ y ‘Pa gozar el Carnaval’ y eso me pone feliz porque me están exaltando. Y es una muestra de que a la gente le gusta lo que yo he hecho”.
¿Por qué ‘Ramayá’?
El origen de su apodo data de 1975 cuando decidió grabar para discos Tropical, en ritmo de cumbia, el tema 'Ramayá', de Afric Simone. Fue un éxito total y a partir de ahí cada vez que anunciaban sus presentaciones los locutores de radio decían Pedro ‘Ramayá’ Beltrán y así se quedó para siempre. Hasta una estación de Transmetro lleva este nombre.
“Al principio me llamaban ‘Ramayá’ y no paraba bolas, Y ahora ya no entiendo por Pedro sino por ‘Ramayá’”, puntualizó el maestro en aquel encuentro.
La flauta de millo del maestro ‘Ramayá’ se silenció en el plano terrenal, pero su música y legado permanecerán vigentes por generaciones.